jueves, 18 de enero de 2018

Día 15 (07/11/2017) - A Santa Clara

Desayunamos y Jesús, el taxista de ayer, nos viene a buscar a la hora establecida. Nos lleva a la terminal del bus, donde intentamos por todos los medios coger un colectivo a Santa Clara por 2CUC por persona. Pero al ser extranjeros, vemos que nos lo están poniendo más difícil y finalmente un taxista nos ofrece llevarnos por 10 CUC hasta la puerta de casa. Sacamos cuentas y nos damos cuenta de que salimos ganando con respecto al bus, así que nos subimos al taxi y en 1h estamos en Santa Clara.




















Luar llega rendido, así que mientras le dejamos descansar, Roberto hace trámites y Naiara limpia ropa 😳. Después, Cary (la casera) nos recomienda algunos restaurantes baratos y con comida fiable y allá que vamos a comer una hamburguesa, como pide Luar.

Después de comer vamos a la fábrica de tabaco, pero ya está cerrada y nos conformamos con un café y una animada charla con la dependienta de la tienda de puros que hay en frente de la fábrica. De paso, compramos buenos havanos "torcidos" (liados a mano).



El resto de la tarde la pasamos paseando tranquilamente por los alrededores del parque Vidal, admirando la belleza de los edificios que la rodean y el Hotel Santa Clara Libre, donde se pueden ver aún los agujeros de las balas de la batalla que liberó a Cuba de Batista.




Mañana será un día emotivo, visitaremos el Mausoleo del Ché y el Museo del Tren Blindado, otra pieza más de la historia del mítico Ernesto Guevara de la Serna. Ondoloin!

miércoles, 17 de enero de 2018

Día 14 (06/11/2017) - Castillo de Jagua y Punta Gorda

Desayunamos y nos ponemos en marcha. Hacemos una tremenda cola para cambiar dinero (donde disfrutamos charlando con la gente que también espera) y vamos al Parque José Martí para visitar lo que nos queda pendiente: la catedral y el Teatro Terry.


La catedral no nos dice mucho y además está llena de andamios y escombros, así que no le dedicamos más de 2 minutos. Pero el teatro es otra cosa... Abierto en 1889, conserva ese halo de vieja gloria, ese olor a romanticismo que desprenden los lugares que han sido vividos. Aquí han actuado muchos bailarines, tenores y actores y en las paredes podemos ver antiguos carteles y recortes de periódico que recuerdan grandes momentos pasados.




Actualmente está en restauración, pero ni siquiera eso le resta encanto: las butacas originales de madera, el telón, las pinturas doradas... es precioso.


Al salir, vamos al Muelle Real a coger el ferry al Castillo de Jagua, pero nos indican que hasta la 13:00 no hay ninguno (¡y son las 10!) y en ese momento empieza la odisea para llegar allí. Primero un señor (brigadista) se presta a llevarnos hasta Pasacaballo en el coche que le recogerá a él; una vez allí, deberemos coger un ferry hasta el castillo. Después de unos 20 minutos esperando a que alguien venga, decidimos buscar un taxi que nos acerque (el brigadista nos dice que debería cobrarnos unos 5CUC) y más gente para compartirlo. Junto con dos alemanas, nos cuesta Dios y ayuda encontrar un taxi (y eso que generalmente nos pasamos el día rechazando sus ofertas), pero nos lleva por 6CUC en total¡!


Una vez en el embarcadero, cerramos con el taxista el traslado de mañana a la terminal y esperamos al bote, que llega rápidamente y nos lleva hasta la otra orilla.


El Castillo de Jagua está restaurado y el resultado es admirable. El precio de la entrada ha subido bastante y cuando lo comentamos a las señoras de la entrada, nos ofrecen una guía gratuita, así que visitamos todas las salas con información de la buena.





Terminado en 1745, fue levantado por España para proteger la ciudad de los piratas y de los ingleses, y las piedras para su construcción fueros extraídas de las canteras que por aquel entonces había a los mismos pies del castillo. Visitamos el aljibe, la sala de mando y subimos por la escalera de caracol hasta el lugar donde se puso la campana (se mantiene la original). Las vistas de la bahía son preciosas.




Al salir, vamos a comer langosta a El Pescador, un restaurante que su camarera nos ha vendido muy bien y no sin razón. Las vistas desde la terraza y su sombra y brisa nos conquistan. Luar no dura mucho despierto, así que nos turnamos para rechupetear langosta mientras charlamos sobre los sinsabores del viaje con una pareja de Pasaia.




















De vuelta en el barco, el camino hasta Cienfuegos se hace largo (45min) y caluroso, y cuando por fin llegamos, tomamos un bicitaxi hasta Punta Gorda. Esta es la zona más lujosa de la ciudad, donde abundan las mansiones y los palacetes. 




















Paseamos sin prisa y volvemos hacia la casa viendo el atardecer...¡qué espectáculo!





















Nos pegamos un bañito en la pequeña piscina de la casa y cenamos allí mismo...¡más langosta!


Ondoloin!

martes, 16 de enero de 2018

Día 13 (05/11/2017) - A Cienfuegos

Esta noche ha habido cambio de hora y como hemos tenido una hora más para dormir, no nos cuesta madrugar para coger el bus a Cienfuegos. Desayunamos con la señora Teresa y nos despedimos de ella agradeciéndole el buen trato que nos ha dado. Después, nos cargamos todo a la espalda y caminamos hasta la estación de autobuses. Luar hace el trayecto de hora y media dormido y cuando llegamos, ya nos están esperando en la terminal.


Ana Teresa es nuestra anfitriona en Cienfuegos y nos da la bienvenida con Daniel, el niño de la casa de 3 años, quien no se separa de nosotros (sobre todo de Luar) hasta que volvemos a salir a la calle. Hoy nos tomamos el día con calma, es domingo y la mayoría de las cosas están o bien cerradas, o bien abiertas con un horario muy limitado, así que llegamos al parque José Martí y admiramos los edificios que lo rodean.





La Catedral y el Teatro Terry están hoy cerrados, así que entramos al museo provincial, antiguo casino de la ciudad, donde podemos admirar piezas muy variadas: desde muebles y objetos del casino, hasta fotografía y escultura contemporáneas, pasando por un enorme fresco y una caja de música en funcionamiento.





El calor aprieta y tras pasear un poco hacia el muelle, volvemos al parque donde rápidamente nos vemos rodeados de niños y más niños, con los que Luar juega sin parar.





















Vemos el atardecer en el muelle, donde unos pescadores nos enseñan cómo pescan con red allí mismo. Los colores del cielo son un espectáculo.





















Cenamos barato y bien en un restaurante del Prado y nos retiramos a descansar. El día ha sido calurosamente duro. Ondoloin!

viernes, 12 de enero de 2018

Día 12 (04/11/2017) - Valle de los Ingenios

Nos depertamos, desayunamos y el conductor que nos llevará al valle de los ingenios ya nos está esperando. Nos ponemos en marcha hacia el primer punto del recorrido: el Mirador de la Loma del Puerto, a 6km de Trinidad. A 192m de altura, las vistas del valle son preciosas y aunque hemos dormido bien, Luar no puede resistirse y cae dormido con su padre.



Naiara, mientras padre e hijo disfrutan de la compañía mutua, se aventura en el canopy (tirolinas) al que nunca se puede resistir.


Desde allí vamos a San Isisdro de los Destiladeros, donde tras varias excavaciones, se pueden visitar los restos del que fuera un ingenio azucarero de la época preindustrial, con un guía fantástico que sabe muchísimo de historia y de "mecánica" azucarera.



Además de informarnos sobre el funcionamiento de la maquinaria, también nos ilustra con las más terribles historias de esclavos y de sus condiciones de vida. Tras el cese de la producción en 1890, la hacienda, el campanario (desde donde controlaban a los esclavos), las estancias y varias cisternas se vinieron abajo, aunque gracias a la restauración parcial uno se puede hacer a la idea de cómo debió de ser el lugar. Y si ya son bonitos los edificios... ¡el entorno ni os cuento!



Finalmente, el conductor nos lleva hasta Manaca Iznaga, donde subimos a su torre de 44m para observar todo el valle y la hacienda contigua (enorme y preciosa). Las vistas quitan el aliento.




Una vez abajo, atravesamos la finca para admirar la enorme prensa de azúcar que está en la parte de atrás. Todo el recinto se de película y nos hace recordar aquellos filmes clásicos donde tan bonita pintan la vida de los grandes hacendados rodeados de esclavos que además les sonríen mientras les sirven la taza de café...


De vuelta en Trinidad, comemos en un sitio chulo (muy occidental) y merodeamos por la ciudad.






Además, Luar puede jugar con otros niños en una dinámica que se repite siempre: llegamos a la plaza y nos miran todos; sacamos la bolsa de los cochecitos y todos se acercan a observar; les ofrecemos un coche y de repente no queda ni uno para Luar; se les pasa un poco la euforia y con un poco de intervención nuestra y muchos gritos de sus familiares, comparten y disfrutan entre todos. Es precioso verlos. En un rato, ¡sobran todos los adultos!




















Cenamos y nos despedimos de la Esquina del Sabor antes de irnos para casa. 


Ondoloin!