Nos ponemos rumbo al malecón para empezar una caminata que recomienda la guía. El parque de la alameda ofrece buenas vistas de la bahía y tras pasear un poco bajo un sol abrasador (y es muy temprano todavía...), comenzamos a subir por el Tívoli.
Llegamos hasta el Museo de la Lucha Clandestina, un precioso edificio de estilo colonial perfectamente conservado, donde se recoge la lucha clandestina de los años 50 contra la dictadura de Batista.
Las vistas desde el balcón son impresionantes.
Después bajamos por la escalinata del Padre Pico y seguimos cuesta arriba y cuesta abajo, hasta llegar al Parque Céspedes, el centro del barrio histórico, donde se agolpan los jineteros (caza-turistas), los mismos turistas, músicos callejeros...
Ignorando educadamente a decenas de jineteros, entramos a la Catedral sin hallar en ella ni un poquito de alivio ante al calor asfixiante.
Buscamos refugio del calor en la calle del "shopping", conocida como Enrramadas, que al ser peatonal, está abarrotada y decidimos llegar hasta la Plaza Marte de camino al Cuartel de Moncada, que pasó a la historia el 26 de julio de 1953, cuando un joven Fidel Castro trató sin éxito de hacerse con el control del 2º cuartel más importante de Cuba, ahora reconvertido en museo (una pequeña parte) y colegio.
Estamos muy cansados, no encontramos ningún sitio económico para comer y los jineteros no nos dejan ni pensar. Pero finalmente encontramos el Rumba, donde comemos los 3 por 12 CUC. Volvemos a casa porque el niño tiene sueño, pero no está por la labor de dormir y decidimos ir en busca del conductor que nos ha hecho una buena oferta para llevarnos hasta el Castillo del Morro.
El Castillo del San Pedro de la Roca del Morro, es una fortaleza diseñada en 1587 con el fin de proteger Santiago de los piratas que saquearon la ciudad años atrás, en 1554. Las obras fueron con retraso y a paso muuuy lento... ¡pero el resultado es precioso! Las vistas del mar Caribe quitan el hipo y el museo, aunque no muy surtido, guarda estancias tenebrosas que hacen la delicias del más pequeño: "tunelaaaaa!".
Cuando volvemos a la ciudad, cae un chaparrón impresionante (que ya se veía venir desde el Morro) y en cuestión de segundos, el Parque Céspedes queda desierto. Luar se muere de la risa. Cuando llegamos a casa se duerme (18:30) y para nuestra sorpresa, duerme y duerme hasta el día siguiente. Así que aprovechamos para charlar tranquilamente y sin interrupciones con la familia (política, infancia, maternidad...) y hasta nos da tiempo de jugar con la pequeña de la casa.
Ondoloin!


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