lunes, 11 de diciembre de 2017

Día 6 (29/10/2017) - Cascada del Yunque y relax

Los gallos de los vecinos nos despiertan como cada mañana en Baracoa y mientras desayunamos, decidimos que nos apetece más hacer una caminata por el Yunque que pasar el día en la playa y cuando llega Puchín, nos ponemos en marcha.

De camino a la Reserva Natural del Yunque, pasamos por la fábrica de cucurucho y por la de chocolate, esta última inaugurada por el Ché. Para cuando llegamos a la entrada, Luar ya está dormido así que esperamos a que se despierte para ponernos en marcha y mientras tanto, Naiara se informa sobre las posibles rutas. Hay dos: subida al Yunque (2h subida+2h bajada+ 16CUC) y la ruta a la cascada (2h en total+8CUC). Tanto por la dificultad, como por el niño y el calor incipiente, nos decidimos por la cascada y tras pagar la entrada, un guía de fauna y flora nos acompaña en todo el camino.




La verdad es que esperábamos algo más, el camino transcurre principalmente por la carretera (de tierra y en mal estado) y casi ni nos cruzamos con guajiros, por lo que no es tan interesante como esperábamos. Además, tampoco podremos llegar hasta la cascada, porque lo que al inicio era "cruzar el río y mojarnos un poco", en realidad era cruzar el río con el agua casi al cuello... y obviamente, por ahí no pasamos con el niño (a pesar de que se ofrecen a que el guía cruce con el niño en los hombros).

A pesar de todo, lo pasamos muy bien, los adultos conversando con Luis, nuestro guía (sobre trabajo, salario, paternidad e incluso ¡lactancia!) y el pequeño jugando a la orilla del río con piedras y tierra.


Al final, sólo Luis cruza el río y saca la foto para nosotros (😆) y nos volvemos a poner en marcha para llegar al mirador desde donde sí vemos la cascada. El camino de vuelta lo hacemos con Luar dormido y continuando con la conversación.


De vuelta en Baracoa, Puchín nos deja en un restaurante estatal (en el que comemos por 3 CUC) y nos muestra dónde cambiar dinero. Después de comer decidimos visitar el Museo Arqueológico "La Cueva del Paraíso", una serie de cavernas que fueron cámaras mortuorias taínas. Está bastante alejado y el paseíto con el calor que hace... ¡se hace muy duro! El encargado del lugar nos da una extensa explicación en la entrada y empezamos con la exploración.




La visita es toda una aventura para Luar, que disfruta con cada cueva, escalera y pasadizo. Además, las vistas desde la cima son impresionantes.


¡Y nos encontramos con esta lagartija fosforita!
Al salir, decidimos bajar hasta el malecón para visitar el Fuerte Matachín, aunque nos advierten de que está cerrado por reformas (el huracán Mathew dañó el tejado el año pasado). A pesar de todo bajamos y disfrutamos de la brisa del mar.

Ahi están Colón y la cruz...
El resto de la tarde transcurre tranquilamente por Baracoa hasta que Luar parece tener sueño, por lo que vamos a casa. Tras descansar, juega con los sobrinos de los anfitriones, Betany y Diego, como si se conocieran de toda la vida.


La guinda del pastel llega cuando decidimos cenar en la casa: res y camarón. Juzguen ustedes mismos:


Ondoloin!

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