El primero en sentirse mal es Roberto, que tiene que pedir al conductor que pare para ir al WC, pero parece que todo queda en eso. Pero después la indispuesta es Naiara, quien aprovechando que la policía da el alto al autobús, baja al WC natural (tras pedir permiso para utilizar el baño de la Policía y denegárselo, le indican unos matorrales...). Para nuestra sorpresa, conductores y Policía se enredan en una discusión que llega a los insultos, porque según parece, sólo los agentes de inmigración pueden registrar los equipajes... Finalmente seguimos con el camino y pasamos por una de las carreteras más espectaculares de Cuba: La Farola. La carretera serpentea durante alrededor de 55 km subiendo primero, para descender tras el alto hasta la ciudad de Baracoa. Las vistas son impresionantes.
Tardamos 1h más de lo previsto y eso pesa mucho, ya que no terminamos de encontrarnos bien y el niño está especialmente demandante con Naiara. Pero al llegar a Baracoa, ya está Ricardo esperándonos y en 5 minutos de bicitaxi, estamos en casa.
Tras acomodarnos, damos una pequeña vuelta por el centro de Baracoa, donde está la Plaza de la Independecia, peatonal, en la que buscamos agencias que ofrezcan excursiones a El Yunque o Humboldt. Empezamos a darnos cuenta de que con Luar no vamos a poder subir montañas como soñábamos y nos damos un tiempo para reorganizar nuestra estancia. Nos decidimos por Yumurí y probablemente alguna pequeña excursión a El Yunque (no a la cima), aunque no cerramos nada.
En la plaza, visitamos también la Catedral, donde se exhibe una de las cruces que trajo Colón en su llegada a América (dicen). Si ampliáis la imagen, podréis leer la extensa explicación.
Y bajamos hasta el malecón a echar un vistazo al mar...
Ondoloin!




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