miércoles, 6 de diciembre de 2017

Día 5 (28/10/2017) - Boca de Yumurí

Nos encontramos espléndidos y Ricardo y su mujer nos preparan un rico chocolate caliente (estamos en zona de cacao) para desayunar. Hoy iremos a la Boca de Yumurí, a unos 5km de Baracoa.

Puchín será nuestro guía-conductor estos días y comienza la ruta por unos paisajes preciosos... ¡y desiertos!




Empezamos nuestra ruta por los Senderos del Cacao, donde nos lleva a la casa de unos humildes guajiros (campesinos) que se dedican al café y al cacao, quienes no sólo nos muestran sus tierras y árboles frutales, sino que nos dan a degustar el café y el chocolate y nos enseñan el proceso de cada uno.

Café
Molino "artesanal"
Cacao

Luar devora la tableta de chocolate que le ofrecen y nos dejamos llevar comprando una bola de pasta de cacao (que el anciano asegura que dura hasta 15 años en la nevera sin estropearse) y café tostado en grano. Productos naturales, sin aditivos, totalmente artesanos y hechos con amor. Nos aclaran que la compra es opcional, aunque, ¿quién podría resistirse?


Al despedirnos, el señor nos dice que aquí tenemos nuestra casa para cuando queramos volver, y aunque sea (casi) una frase hecha, suena sincera.


Seguimos por toda la costa el camino hacia Yumurí, donde por 2 CUC, nos llevan en barca hasta la Isla de la Almendra a través del cañón.




















El sitio es espectacular y tras escasos minutos en barquita a remos, disfrutamos de un paseo por la isla y hasta nos refrescamos en el río.





















A la vuelta, paramos en una casa particular donde ofrecen comida a los turistas, pero Puchín consigue que nos lo dejen a precio más que razonable y por 11 CUC nos damos un festín de calamares y pescado en salsa de coco. El sitio... maravilloso. Luar se duerme y como no lo queremos despertar, el café de sobremesa se convierte en tertulia política entre cubanos, españoles y dos alemanas que no participan mucho. Un momentazo.


De vuelta, paramos en la Playa Manglito, donde el pequeño disfruta como nunca de la arena y nos damos un pequeño chapuzón.


Ya en Baracoa, nos duchamos y salimos a cenar a un restaurante que aunque no convence de entrada a Roberto, termina siendo un puntazo para Luar: juega con la hija de los dueños y termina viendo dibujitos en su habitación, dejándonos solos y con cara de pasmo mientras terminamos de cenar.

Baracoa y la montaña El Yunque a la izquierda

Ondoloin!

No hay comentarios:

Publicar un comentario