El trayecto de hoy es relativamente corto y Luar se duerme nada más ponernos en marcha, así que las 3 horas y media pasan rápidamente. Por el camino, vemos cómo cambia el paisaje: hay menos palmeras y más campos de cultivo y ganado, con sus guajiros a caballo. La estampa es preciosa.
Al llegar a Camagüey, los jineteros acechan y cuando les decimos que nos vienen a buscar, directamente preguntan: ¿el señor Reyes? Y efectivamente, Jorge Reyes es nuestro anfitrión en Camagüey, quien nos cuidará como a sus hijos. Nos saluda amablemente y mientras nos traslada en su coche empieza una animada charla que será la tónica habitual. Nos deja en una "casa amiga", ya que la suya está ocupada esta noche y queda en venir a buscarnos mañana por la mañana.
Jesús, el dueño de la casa, es tremendamente amable y tras charlar un rato, salimos a callejear por la ciudad. Comemos a muy buen precio en la cafetería Cubanitas y tomamos un buen café cubano a mejor precio aún. Después, paseamos por las calles serpenteantes de la ciudad y llegamos a casi todas sus plazas, todas preciosas.
La Plaza del Carmen nos enamora... como las esculturas de la camagüeyense y Premio Unesco Martha Jiménez (mañana compraremos algo en su estudio, claro).

La Plaza de San Juan de Dios es simplemente preciosa.
Y las calles son verdaderos laberintos llenos de color.
Camagüey nos cautiva y los bicitaxis y jineteros que tan bravos nos pintaba la guía no nos molestan más que en otras partes (realmente aceptable). Llega la hora de cenar y decidimos probar en La Isabella, un restaurante italiano con buena fama, situado en el que fue el primer cine de la ciudad y ambientado con sillas de director, carretes de película y portadas de fimes, en su mayoría cubanos.
La cena no está mal y resulta económica, así que probablemente volvamos mañana. Ondoloin!


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