martes, 9 de enero de 2018

Día 10 (02/11/2017) - Camino a Trinidad

Nos despertamos y Carolina nos prepara un graaan desayuno, tan grande que nos insta a llevarnos el resto para comer de camino a Trinidad. Aún no sabemos cómo vamos a hacer el trayecto, pero tenemos dos opciones: ir hasta Sancti Spiritus en Viazul y buscar allí colectivo a Trinidad, o conseguir un colectivo que nos lleve directamente a Trinidad.

Jorge nos lleva hasta la estación y se despide de nosotros deseándonos suerte (no cree que podamos viajar en colectivo hasta Trinidad sin pagar un pastón). Nada más llegar, nos ofrecen un taxi a Trinidad por 90CUC, bajándolo a 70 enseguida. No tenemos ninguna intención de ir en taxi privado, así que nos ofrece pagar 45CUC por compartirlo con otras 2 personas (asegurándonos que están esperando ya), pero a la hora de la verdad, nos dicen que esas personas se han marchado. ¡El jueguito de siempre! Llega un coche con dos mujeres y tras hablar con ellas y negociar con el taxista... ¡¡¡tatatachááááán!!! Viajaremos por 20CUC por persona, ¡ahorrando tiempo y dinero!

Plantaciones de caña de azúcar a cada lado

Montamos en el coche y Luar se duerme al momento. El trayecto es bueno y podemos disfrutar del paisaje y de la compañía charlando animadamente. Hacemos una parada cuando Luar está por despertarse y compramos un poco de chocolate, que es devorado en cuanto lo ve. Por primera vez en Cuba, estamos en un "área de servicio" como las que conocimos por sudamérica: llena de opciones de comida y bebida y con vendedores ofreciendo a gritos sus productos.


Llegamos a Trinidad en 3 horas y media y nos dejan en la puerta de la casa, un lujazo que ofrecen los colectivos. Teresa nos acoge con los brazos abiertos y nos enseña la casa que tendremos completa para nosotros, ya que ella vive en otra casa cercana. Salimos a dar un paseo por la ciudad y descubrimos que está plagada de turistas, lo que hace que pierda un poco su encanto (aunque es realmente preciosa...). Agobia, ¿verdad?


Paseamos por sus calles hasta que Luar se despierta de la siesta y vamos descubriendo joyas en cada rincón.





Como premio por tanto traslado (no sabemos si es más premio para Luar o para nosotros), decidimos hacer la turistada de pasear en coche de caballos por las calles empedradas y es muy divertido, sobre todo porque el niño no para de decir "zaldiaaa koton-koton-koton!".





















Llega la hora de cenar y encontramos, contra todo pronóstico, un restaurante barato y con comida riquísima: La Esquina del Sabor. Son majísimos y cocinan platos cubanos sabrosos y a precio más que asequible teniendo en cuenta que es una ciudad masificada por turistas. Muy recomendable.


Cenamos rico y contemplamos la luna casi llena de camino a casa. Ondoloin!

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