Nos despertamos muertos de sueño, pero hoy no hay excusa: es sábado, el último día para poder recibir la tablet. Nos vestimos rápidamente y sin meter nada al estómago, nos vamos a la agencia Turbus a probar suerte.
Llegamos en unos minutos y con toda la esperanza en la voz, preguntamos por nuestro paquete. El señor, serio, nos dice que la tablet ha llegado a Santiago de Chile. "¿Llegará hoy a Viña?" Mirada pasmada: "Claro que no". A la mierda toda la esperanza. Discutimos un poco, rogamos otro poco... pero la tablet se queda en un almacén de Santiago.
Con algún año menos de vida y mucha mala leche, nos vamos hacia casa, pero paramos a desayunar y a comprar los ingredientes para hacer una paella para nuestros anfitriones.
Ya en casa y con la tristeza compartida, cocinamos todos durante horas, hasta que preparamos una comida riquísima: macha con parmesano (vieiras) y paella marinera!
Cuando terminamos de comer, decidimos echar una siestita por el madrugón después de acostarnos tan tarde ayer, pero empezamos con el blog y ya no hay manera. Lo dejamos actualizado antes de partir hacia casa mañana.
Cenamos cualquier cosa y Dani y Carol nos llevan de fiesta por Valparaíso y... ¡qué maravilla! Vamos carreteando por sus calles, visitamos el taller de una amigo artista, conocemos a otra amiga cuyo patio de casa es el más codiciado (y lleno) y finalmente, terminamos en el PROA, un local con diferentes ambientes en vertical, con una terraza superior abierta. Bailamos de todo: desde SKA-p hasta cumbia.
Pero el cuerpo no da para más y nos volvemos para casa. Mañana diremos adiós a Chile y a toda la Sudamérica que hemos conocido... Ondoloin!
Qué carita de pena, Rob!
ResponderEliminarFue un comienzo de día duro...
ResponderEliminar