Aunque ayer nos acostamos tempranito, el ruido del despertador a las cuatro de la mañana no puede ser mas molesto. Nos levantamos de la cama con todo nuestro dolor y nos ponemos mucha ropa encima, ayer nos avisaron de que en los géysers a esa hora de la mañana hace mucho frío.
Nos montamos en el minibús que va lleno de gente y el guía nos dice que nos ponemos dormir tranquilamente, tenemos un viaje de alrededor de hora y media, con lo que muy obedientemente, lo hacemos.
Cuando llegamos al parque, abrimos los ojos y tras bajarnos del bus y comprobar que tenemos heladas las manos (entre otras partes del cuerpo), nos ponemos a pasear por el entorno mágico que nos rodea.
El guía nos explica que los géyseres se forman en bajo la tierra a causa de las corrientes de agua en contacto con la lava de los volcanes que rodean este lugar. El contacto entre el calor de los volcanes y el agua a mucha menos temperatura, crea de forma natural estos orificios en la tierra por donde sale el agua a la superficie a mucha presión.
Aunque empieza a salir el sol poco a poco, no conseguimos entrar en calor y eso que la temperatura del vapor que emana de los géyseres está rozando los cien grados centígrados.
Tras pasear un rato y tomar un desayuno calentito, nos llevan a otro lugar donde se encuentra un baño termal. Vamos preparados con el bañador y todos los utensilios, pero el agua no sale tan caliente como en el Salar de Uyuni y fuera hace muuuuucho frío, con lo que decidimos no meternos al agua y seguir disfrutando de los paisajes y los demás géyseres de la zona.
Comenzamos a volver hacia San Pedro, pero por el camino iremos parando en distintos lugares. El primero de ellos es una laguna, donde podemos apreciar distintos tipos de aves y más tarde paramos en un pueblito de la zona, donde apreciamos su bonita iglesia y volvemos a comprobar tristemente que se ha convertido en un lugar para sacar plata a los gringos.
Llegamos al pueblo y tras comer y tomar un café en el hostal, vamos a la agencia Terra Extrema a esperar al tour de la tarde. Para no variar, tenemos que esperar a gente que se retrasa, pero al final nos ponemos rumbo al Valle de la Luna. El trayecto es corto y pronto llegamos al destino, donde tras caminar un rato cuesta arriba, apreciamos desde las alturas un lugar maravilloso vestido de un color rojizo que nos deja a todos con la boca abierta.
Como se puede apreciar en las imágenes, también se aprecia el color blanco de la sal, ya que este lugar mucho tiempo atrás estuvo en el fondo del mar y la salitre sigue saliendo a la superficie hoy en día.
Tras disfrutar de las vistas y bajar literalmente por una pared, vamos al Valle de la Muerte, otro lugar fascinante, donde con la erosión y el paso del tiempo, se han creado unas formaciones increíbles. El personaje belga que las descubrió, quiso decir que parecía un paisaje de Marte, pero con su pobre nivel de español... dijo muerte, así que se le quedó ese nombre!
Caminamos por allí, mientras comienza a bajar el sol... salimos pitando a ver la puesta!
Íbamos a ver la puesta del sol en otro punto, pero llegamos muy tarde y lo hacemos de camino, en medio de la más absoluta nada, con lo que el espectáculo es precioso.
Por la noche y como última cena, compramos una súper pizza riquísima para despedirnos de nuestro gran amigo Gustavo, compañero de viajes estos últimos días.
Ondoloin!
No hay comentarios:
Publicar un comentario