La mañana comienza tranquila, ducha, desayuno y preparamos las mochilas para emprender un nuevo viaje. Hoy vamos a Capinota, donde la tía de una amiga nos está esperando. Siguiendo las indicaciones de la dueña del hotel, comenzamos con una maratón de minibuses y trufis que nos hace recorrer media región y perder casi tres horas.
Llegamos a Capinota y el chófer, que había pasado 13 años en España, se ofrece a acercarnos hasta la casa donde según él, viven las religiosas... El caso es que son otras religiosas y nos toca volver a caminar un rato hasta el pueblo y coger allí un taxi.
Después de toooda la odisea, por fin llegamos al internado donde vive Mª Ángeles con 80 niños y otras dos religiosas. Nos acogen con los brazos abiertos y desde el primer momento nos sentimos en casa. Dejamos las mochilas y nos muestra todo el recinto y sus alrededores hasta que llegan los niños de la escuela.
Los niños hacen que Naiara recuerde lo bonito de su trabajo y comemos todos juntos en el comedor. Muy tímidos, les cuesta coger confianza, pero pronto se sueltan para comenzar a preguntar y preguntar. Después de comer vuelven al cole y aprovechamos para hacer la colada, ¡que no es poca!
Por la tarde y ya con todos los niños de vuelta, nos enseñan las técnicas (talleres) que imparten a los jóvenes: electricidad, computación, corte y confección, carpintería y mecánica. Lo más interesante es que todos los niños y niñas rotan por los diferentes talleres antes de elegir en cuál se especializarán. Después toca merienda y deberes (que no son pocos!), así que vamos ayudando a unos y a otros con sus tareas hasta la hora de cenar.
Cenamos con MªÁngeles y Tita, donde aprovechamos para sacarnos una foto con la anfitriona!
Después de cenar se reúnen todos los internos para realizar una reflexión y hacer un último rezo; es un momento muy especial. Después, toca retirarse a descansar, ha sido un día intenso y hermoso. Ondoloin!
Después de toooda la odisea, por fin llegamos al internado donde vive Mª Ángeles con 80 niños y otras dos religiosas. Nos acogen con los brazos abiertos y desde el primer momento nos sentimos en casa. Dejamos las mochilas y nos muestra todo el recinto y sus alrededores hasta que llegan los niños de la escuela.
Los niños hacen que Naiara recuerde lo bonito de su trabajo y comemos todos juntos en el comedor. Muy tímidos, les cuesta coger confianza, pero pronto se sueltan para comenzar a preguntar y preguntar. Después de comer vuelven al cole y aprovechamos para hacer la colada, ¡que no es poca!
También tenemos un tiempito para relajarnos antes de que vuelvan los niños...
Cenamos con MªÁngeles y Tita, donde aprovechamos para sacarnos una foto con la anfitriona!
Después de cenar se reúnen todos los internos para realizar una reflexión y hacer un último rezo; es un momento muy especial. Después, toca retirarse a descansar, ha sido un día intenso y hermoso. Ondoloin!
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