Hemos dormido casi 10 horas, así que la llegada a Viña del Mar se nos hace rápida. Tomamos un café y en un momento, vemos llegar a Daniel, literalmente con los brazos abiertos. Cargamos las mochilas en el coche, saludamos a Carolina y nos ponemos rumbo a su casa. ¡Qué maravilla que te reciban así en la otra parte del mundo! Sólo podemos dar las gracias por cada segundo.
Comemos todos juntos y mientras nuestros anfitriones trabajan, nos envían a ver el mar... y qué maravilla!!!
Paseamos un par de horas y nos tomamos un cafecito mirando al mar... ¡qué bonito estar a 0 metros! Y ¡qué bonito respirar tan bien!
También encontramos alguna criatura marina increíblemente grande... ¡eso era una alga!
Y también un gigante reloj solar...
Nos juntamos de nuevo en la casa y después de comer algo, nos llevan a ver las ciudades de Viña y Valparaíso desde las alturas... de mirador en mirador. ¡¡¡Es tan bonito!!!
Las vistas desde el balcón de casa de nuestros amigos son impresionantes... ¿no os parece? Bueno, el día ha sido largo... ondoloin!
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