sábado, 11 de abril de 2015

Día 79 (09/04/2015) - Casa de la Moneda en Potosí

Nos levantamos con calma y desayunamos en el hostal. Después de tres días, conseguimos pagar el alojamiento con tarjeta y ¡sin que nos cobren la comisión (y es que el asunto ha tenido miga...)! Salimos cargados con las mochilas y un taxi nos lleva hasta la terminal de autobuses de Sucre, desde donde queremos coger un bus a Potosí. Es todo un desafío, porque el algunas compañías no salen hasta mediodía y en las que salen en unos minutos, no hay nadie para vender billete... Pero por fin lo conseguimos.


El camino no es largo, pero las tres horas de viaje se nos hacen largas, sin saber bien por qué.


A pesar de toso, el paisaje es impresionante, con una inmensa llanura andina...


Llegamos a Potosí y buscamos un hostal asequible, aunque hay quien pide barbaridades! Finalmente encontramos el Residencial Felcar, con habitaciones básicas, pero con wifi y sin pensarlo mucho, nos quedamos aquí, por lo que dejamos todo y nos ponemos en marcha.

Llegamos a la Casa de la Moneda y nos dicen que en media hora comienza la visita, por lo que decidimos tomar un cafecito (Naiara un mate de coca) antes de entrar, para calentar el cuerpo y es que, en Potosí hace muuucho frío según nos han comentado. Además, la altura se vuelve a sentir a casi 4000 metros y la coca siempre va bien. En la plaza, encontramos el Café La Plata, un lugar muy tranquilo y calentito!


La visita por la Casa de la Moneda es fascinante, ya que nos explican el funcionamiento de la misma a través de la historia, desde su comienzo como fábrica de monedas de plata (que por supuesto, iban para España), hasta su actual forma de museo.


Se empezó a construir en 1759 y catorce años después fue inaugurada, exactamente el 31 de julio de 1773. Estaba a cargo de los conquistadores españoles que se hicieron dueños del Cerro Rico y toda la plata que éste albergaba. El Rey Carlos V, ordenó que se fabricaran monedas de plata de una pureza del 90%, tal era la cantidad de plata que salía de ese cerro de Potosí. El tema es que con tanta plata, las monedas eran fáciles de "rascar", y la población les iba quitando cachitos para pagar cosas pequeñas.


En este lugar se acuñaron monedas para España desde 1773 a 1825, año en que se firmo la indepencia de Bolivia en Sucre. También se acuñaron para las Provincias Unidas del Río dela Plata (hoy en día Argentina) en 1813 y 1815 y para la Republica de Bolivia de 1827 a 1951.


En el lugar podemos encontrar diversos cuadros de la época, pero uno de ellos sobresale sobre los demás. No se sabe quién lo pintó, pero en él se puede ver a la Virgen María representada en el Cerro Rico (o la Pachamama en la cultura andina) y también están representados los dioses de los quechuas, Inti y Mamakilla (el sol y la luna). La unión entre las dos creencias es innegable y deja claro que quien lo pintó, pertenecía a la escuela local.


Admiramos las monedas expuestas en el lugar y admiramos su belleza. También nos cuenta la guía, que de cada día de producción se guardaba una moneda, para luego ser transportadas a España donde el químico del Rey las analizaba y si alguna no tenía la proporción de plata y cobre que debiera, el hombre que estaba a cargo de esa partida de monedas (todas estaban marcadas, se sabia quien había hecho y dónde) era decapitado, ¡así sin mas!



Continuamos y visitamos la maquinaria, la primera de ellas llegó desde España en 1750,  siendo copiada después en Potosí para poder aumentar la producción. Estas máquinas se movían gracias al trabajo que realizaban cuatro burros desde la parte inferior, que hacían girar el eje central de las máquinas. Era tal el esfuerzo que tenían que realizar los animales, que morían a los cinco meses de llegar a Potosí.




















Nos comenta la guía que con toda la plata que fue extraída de Potosí en la época colonia, se podría construir un puente desde aquí hasta España, de pura plata. Y también nos cuenta, algo mas triste, que se podría construir otro puente de vuelta, con los huesos de todos los indígenas que murieron esclavizados para conseguir dicha plata.

Seguimos admirando la colección de plata del museo y acabamos la visita en la entrada principal. En ella, sobre un balcón, se encuentra una cara, el símbolo del museo. Dicen que su media parte derecha representa al conquistador orgulloso y riéndose de todas las riquezas que ha conseguido. La parte izquierda, muestra el rostro del indígena resignado a su suerte y maldiciéndolos. No hay que olvidar que Potosí fue la ciudad más rica de todo América (incluso se atreven a decir que del mundo), y que "gracias" a ella el Imperio Español tuvo tanto poder y tantos lujos. Por poner un ejemplo, había tanta plata en aquella época, que todo se hacía de ella, hasta los orinales (es verdad, los hemos visto).

Además, podemos admirar una gran colección de minerales y piedras preciosas (entre ellas la bolivianita, que sólo puede salir del país en forma de joya), que nos hacen recordar a una pequeña estudiosa de estas piedras preciosas (Amalur, hor doaz argazkik... espero deu gustauko zaizkizula!).



Salimos del lugar y prácticamente se ha hecho de noche. Damos un mini paseo para hacer hambre y nos metemos a una pizzería que se encuentra al lado del museo. Tardan muchísimo en servirnos, pero la espera ha merecido la pena, ya que esta buenísima.

Con el estómago lleno nos vamos a descansar, esperemos no pasar mucho frío por la noche, ondoloin!

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