Nos despertamos con calma y es que el tour por el Salar de Uyuni sale hacia las 11:00. Desayunamos en un bar los tres juntos y compramos alguna cosita para el camino antes de ponernos en marcha. En total vamos seis personas en el tour, una pareja paraguaya, una mexicana y nosotros tres. Nuestro conductor, Marín, será también cocinero, mecánico y "guía", aunque pronto descubriremos que muy simpático, no es.
Primera parada: el cementerio de trenes. Como ya estuvimos ayer y solos, no nos unimos a las hordas de turistas que lo invaden hoy, aunque una locomotora moderna llegando por las vías nos sorprende.
Segunda parada: artesanías y "museo de sal" (lleno de más artesanías). Aquí nos empezamos a mosquear... ¿hemos venido a ver el salar o de compras? Pero esto ya nos ha pasado en todos los tours anteriores y no dejamos que nos afecte demasiado...
Nuestro chófer se pone en marcha y por fin, llegamos al salar. Ha llovido días atrás y aunque no está como un espejo, el lugar es mágico...
La tan inmensa nada de sal nos deja sin palabras durante un rato, después, sólo nos queda retratar la alegría que despierta en nosotros tanta belleza.
Nuestro callado chófer detiene el coche cerca de esta "estatua" del Dakar, donde debemos hacernos unas fotos antes del almuerzo, ¡sí, señor!
Justo antes de comenzar a comer vemos unas banderas y... ¡sorpresa! La ikurrina está entre ellas.
Nos seguimos adentrando por el salar y bajo el jeep, comenzamos a ver hexágonos de sal... Marín detiene el coche y nos explica que se crean al evaporarse el agua de lluvia y que en invierno, llegan a ser mucho más profundos.
Y el lugar se presta para la primera fotografía de grupo. Ahí estamos, en orden: Naiara, Gustavo, Roberto, Marcelo, Carolina y Paulina.
Montamos en el jeep de nuevo y comienza la odisea del salar... A una pregunta intencionada de Gustavo, descubrimos que el conductor no nos lleva hacia la Isla del Pescado (incluida en el tour), sino hacia el hotel. A pesar de que le decimos todos que la isla estaba incluida, se empeña en que a él en la agencia, le han dicho que no.
Roberto se enfada y le dice que pare el coche; se para. Comienza una discusión memorable y hasta Paulina saca el móvil y pide al conductor que repita en la grabadora que es la agencia quien le ha dicho que no visitaremos la isla. Nos ponemos firmes y nos acusa de estar compinchados para visitar la isla "gratis", pero al final, se pone rumbo a la isla y nos dice que nos callemos. Nos callamos. Pero vamos a la Isla del Pescado (toma toma toma, pum pum pum).
La isla que según Martín "sólo tiene cáctus", resulta ser una maravilla... Pagamos la entrada (30 bolivianos) y los tres, nos ponemos en marcha en la ascensión a la parte más alta, desde donde las vistas son absolutamente surrealistas.
El Salar de Uyuni, antes del choque de las placas tectónicas que darían origen entre otros, a los Andes, era parte del mar, por lo que la isla es una formación de coral gigante. Tan enorme, que mirad como Naiara y Gonzalo pasan por una "cueva" natural del mismo coral.
Y por supuesto, las fotos artísticas no podían faltar...
Desde allí y ya más contentos (aunque no el chófer), nos dirigimos al hotel de sal, donde pasaremos nuestra primera noche compartiendo la habitación de sal, con camas de sal, con todos los compañeros del tour.
Según todos los pronósticos, no podríamos soportar en frío en el hotel, pero en realidad se está bastante bien y los dos junto a Gustavo, nos quedamos charlando un rato más que el resto antes de dormir.
Salimos a mirar el cielo y el espectáculo de estrellas que vislumbramos no tiene descripción posible. Simplemente es una maravilla más por hoy. Ha sido un gran día. Ondoloin!
sin palabras!!!impresionante egitan mxxx
ResponderEliminarbaietz?! Muaaaa
ResponderEliminarBAI!
ResponderEliminarpaaaaaaaaaaaaa