Nos levantamos tarde, desayunamos corriendo y tomamos un taxi a la terminal de autobuses, como no lleguemos en cinco minutos, se nos pueden fastidiar todos los planes del día! Llegamos casi a las 9 en punto a la terminal y preguntamos por el bus que va a Ingapirca, nos dicen que es uno que ya está saliendo. Corremos y lo alcanzamos, menos mal!
No hay sitio para nadie más, por lo que tenemos que ir en la cabina con el conductor y su ayudante. Mantenemos una agradable conversación durante todo el camino, más de dos horas, y vamos aprendiendo otros aspectos de la diversa cultura ecuatoriana.
Llegamos al complejo arqueológico de Ingapirca y tras comprar la entrada, esperamos al comienzo de nuestra visita guiada. El guía se llama José, y durante toda visita nos muestra su fascinación por el lugar y por toda la historia que lo envuelve.
Nos cuenta que los primeros lugareños fueron Cañaris, una comunidad indígena de la zona que se estableció aquí. Hoy en día se mantiene una tumba colectiva, donde fue enterrada una sacerdotisa con sus diez sirvientas. Lo curioso es que a la sacerdotisa la enterraban muerta, pero a sus sirvientas las drogaban y tras ello las metían bajo tierra vivas, para acompañarla en su viaje del mas allá.
Adoraban a la luna, su diosa, pero no la podían mirar directamente por el respeto que le tenían, por lo que utilizaban una roca con orificios llenos de agua en cuyo reflejo la veían. Para calcular su calendario lunar, utilizaban una roca a la que hicieron 28 agujeros (el ciclo lunar), en cada cual se reflejaba la luna en cada fase. Su año tenía 13 meses y un total de 364 días, un día menos que nuestro actual calendario, por lo que el número 365 era festivo, el único día del año en que no se trabajaba.
Cuando fueron invadidos por los Incas, éstos respetaron su tumba colectiva y les fueron convenciendo de subyugarse al imperio (los Incas nunca lo consiguieron por la fuerza, los Cañaris aguantaron por 20 años sus ataques). Tras lograrlo, los Incas construyeron entre otros edificios, el Templo al Sol, su Dios.
El complejo, dotado de casas, almacén, cocina y hasta sistema de canalización de aguas, permanece intacto en su esqueleto y con imaginación, uno puede viajar siglos en el tiempo y soñar con esos tiempos.
Es difícil explicar la energía que se siente en el Templo al Sol, sólo podemos decir que los dos nos quedamos un poco "colgados" durante un rato, simplemente sintiendo.
Una vez terminado el recorrido por las ruinas y de darle las gracias a José por su atención y buen hacer, nos muestra el sendero a recorrer para ver varias curiosidades Incas. La primera que encontramos es la Cara del Inca, una formación rocosa natural que sorprendentemente parece una cara. ¿La veis?
También vemos lo que unos defienden como natural y otros hecho por el hombre, un círculo en la roca que según los expertos, representa la divinidad solar.
Además hay otras curiosidades como el Juego del Inca o la tortuga, ambas talladas en la roca.
Tras el paseo, comemos un almuerzo con las vistas de las ruinas y aprovechamos para sacar alguna foto más mientras esperamos al bus.
El camino de vuelta se hace duro, rematado por una interminable bachata romántica a todo trapo... Llegamos al hotel agotados y nos ponemos con la actualización del blog mientras tomamos una cervecita en un ambiente más tranquilo que el de ayer.
Salimos a cenar algo y mientras comíamos un trozo de pizza auténtica italiana oímos: "no!! noooo!!!". Son Anahí, Ricardo y Lola acompañados de una pareja de Munich que han conocido. Besos y abrazos y otra promesa... iremos a Buenos Aires!
Con la alegría en el cuerpo, volvemos al hotel a terminar alguna cosilla y descansar, mañana vamos a visitar a amigos de la familia a Machala y hay que estar bien! Buenas noches!!!
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